El futuro de los registros civiles, por German León Pina, Notario

Pocas cosas funcionan bien en España, una de ellas son los registros civiles, siendo de alabar la actividad que realizan los juzgados de paz para acercar la institución del Registro Civil a los ciudadanos que no viven en las capitales. Pues bien, el Gobierno de la nación pretende desmantelarlos y traspasar este servicio público a los registradores de la propiedad, lo que en definitiva va a suponer un alejamiento de la institución de la ciudadanía, que cada vez tiene menos derechos y más cargas.

Un ejemplo es la situación en la que se van a ver inmersos los habitantes de Formentera, que ya pueden prepararse para hacer más horas de barco que Juan Sebastián Elcano o Vasco de Gama.

Y me pregunto, ¿por qué? En el fondo late una polémica larga, desde el punto de vista histórico, entre notarios y registradores.

La función registral es sumamente importante, pues nos permite a los notarios columpiarnos en el trapecio con la red que supone la calificación del señor registrador, luego ambas profesiones se necesitan y complementan. La doble calificación notarial y registral es beneficiosa para la seguridad jurídica preventiva.

Pero de un tiempo, ya algo remoto, a esta parte, las relaciones corporativas se han deteriorado, de un lado por al afán de poder, el ansia de las cúpulas por obtener una posición de predominio en la dirección general de Registros y Notariado; y de otro, por las continuas amenazas que recibimos de los gobiernos que se plasman en recortes arancelarios o prestaciones gratuitas del servicio. Ante estas amenazas, cada cuerpo reacciona intentando vender mejor como imprescindible su rol en la sociedad.

Otra causa sería la laxitud en el notariado, procedente de la terrible competencia que se traduce en prácticas monopolísticas con banca y promotores, en la inversión del derecho a la libre elección de notario, que en la praxis casi siempre es designado por el banco o por la empresa constructora, por existir intereses subyacentes, un quid pro quo, o sea, tú me abres una cuenta de trescientos mil euros, y yo, el Banco, te llevo las pólizas, la venta, las hipotecas y las ´novaciones´. El sistema se corrompe, el poder económico es el que domina, y los notarios asentimos por aburguesamiento y ataraxia.

Y por último, no podemos olvidar que algunos registradores no sólo no ayudan a resolver el problema, sino que forman parte del problema o lo aumentan, con calificaciones dogmáticas o caprichosas, carentes de todo logos y sentido aporemático.

Y así, la cúpula notarial, ante la quiebra de las bases del sistema, reivindica más protagonismo y pide que los notarios nos convirtamos en oficiantes de bodas.

Y la cúpula registral igualmente, e interesando acrecentar la transcendencia de la función de los registradores, origina la destrucción de un instituto secular en pro de sus propios intereses y en detrimento del ciudadano, siempre pagano de conflictos ajenos.

Notarios y registradores no tenemos en consideración que no somos necesarios, que nuestro estatus deriva de la soberanía estatal y que el Estado de un plumazo puede eliminarnos si así se lo demanda la sociedad civil. Estados Unidos es la primera potencia mundial y, salvo en Lousiana, los norteamericanos ni conocen el notariado latino (allí existe la figura del solicitor que legitima el documento que prepara el lawyer), ni el registro de la propiedad, que es un catastro inmobiliario que llevan los jueces u otros funcionarios.

El sistema latino es mucho más seguro que el sistema anglosajón, pero el poder fáctico y económico de la banca, la necia pugna entre notarios y registradores, y sucesivos gobiernos de descerebrados, nos lo pueden hundir.

Ese proyecto de Ley del Registro Civil es un nuevo disparate de un Ejecutivo que anda desorientado.

Germán León Pina, Notario de Sant Antoni, en Diario de Ibiza 11.03.2014

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