El Registro Civil tiene que seguir siendo un servicio público

Privatizar el Registro Civil es una propuesta más de expolio de la derecha que pretende privatizarlo todo, por supuesto los beneficios, no los riesgos, ni las pérdidas.

El PP, primero, ha puesto en manos de empresas privadas de nuevas tecnologías datos de la ciudadanía que son sensibles, obviando los más elementales principios de la Protección de Datos y, ahora, pretende poner los registros civiles en manos de los registradores mercantiles (y de la propiedad).

Es evidente que había que modernizar el Registro Civil en España, usando las nuevas tecnologías al máximo, pero dentro de los límites del Estado de Derecho y de la privacidad que cada persona merece y que sólo se consagran en el ámbito público. Por seguridad e igualdad de todos y todas ante la Ley. Principio constitucional muy importante, que con esta propuesta se destroza.

Hay que tener en cuenta los enormes riesgos que se corren cuando los datos personales más relevantes de la ciudadanía, desde las inscripciones de nacimiento a las de defunción, pasando por toda una serie de actos fundamentales, dejen de estar bajo el control de la administración pública. Ya sea central, territorial o local.

Con esta reforma pasarán a la gestión de intereses privados, con todos los peligros en la seguridad y privacidad de las personas que ello puede conllevar.

Muchos políticos y colectivos sindicales se equivocan cuando la denuncia de este hecho la hacen basándose, fundamentalmente, en cuestiones puramente mercantiles, de pago de aranceles por parte de la ciudadanía, de suculentos pelotazos y de supuesta prevaricación (que también).

Pero la cuestión de fondo tiene que ver mucho más con el desmantelamiento del Estado de Derecho y de la laicidad institucional, que se fue construyendo muy poco a poco y con mucho esfuerzo a raíz de la Revolución Francesa. Y ahora se trata de de-construir, si nuevas mayorías políticas no lo remedian. Suponiendo que lo quieran remediar.

Si se consumara este despropósito, si no se remediara posteriormente, en mi testamento vital y en el de últimas voluntades exigiré, que un registrador mercantil no anote mi fallecimiento, ya que me parece un hecho denigrante, al que tengo derecho a renunciar al final de la vida. Propongo que así se haga por parte de quienes lo consideren.

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